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Dia:
3 de Noviembre
Patrono
de la paz universal, de los enfermos, de la intercesión
de los animales
San Martín
de Porres es muy popular en toda América. No sólo
ejerce el atractivo que han ejercido siempre los sencillos cuando
el Señor ha querido glorificarlos, sino que su misma persona
constituye todo un símbolo.
Nacido en
Lima (Perú) como hijo natural de un caballero español
y de una mulata en 1579, representa entre los santos a los «coloured
men» del Nuevo Mundo, a ese pueblo de gentes de color que
se ven dolorosamente humillados por su condición de negros.
Era Martín
enfermero cuando entró como terciario laico en el convento
de Dominicos de Lima, en el que fue recibido a la profesión
(1603) siguió ejerciendo su profesión dentro del
convento para con sus hermanos. El cuidado que ponía por
los enfermos se extendía aun a los animales: perros, gatos,
pavos, y aun ratones, eran objeto de su solicitud. A Martín
le agradaba el ayuno y la oración: sobre todo el orar de
noche, a ejemplo de Jesús. En la oración obtenía
grandes luces que hacían maravillosas sus lecciones de
catecismo.
Su vida entera,
oculta y radiante a un mismo tiempo se desarrolló dentro
de un mundo lleno de ángeles y demonios en el que Martín
conservó siempre una perfecta serenidad. Murió en
1639. |
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| Milagros |
Se le atribuye el don de la bilocación. Sin salir de Lima,
fue visto en México, en África, en China y en Japón,
animando a los misioneros que se encontraban en dificultad o curando
enfermos. Mientras permanecía encerrado en su celda, lo vieron
llegar junto a la cama de ciertos moribundos a consolarlos o curarlos.
Muchos lo vieron entrar y salir de recintos estando las puertas
cerradas. En ocasiones salía del convento a atender a un
enfermo grave, y volvía luego a entrar sin tener llave de
la puerta y sin que nadie le abriera. Preguntado cómo lo
hacía, siempre respondía: "Yo tengo mis modos
de entrar y salir".
Se le reputó control sobre la naturaleza, las plantas germinaban
antes de tiempo y toda clase de animales atendían a sus mandatos.
Uno de los episodios más conocidos de su vida es que hacía
comer del mismo plato a un perro, un ratón y un gato en completa
armonía.
Se le atribuyó también el don de la sanación,
de los cuales quedan muchos testimonios, siendo las más sorprendentes
la curación de enfermos desahuciados. "Yo te curo, Dios
te sana" era la frase que siempre solía decir para evitar
muestras de veneración a su persona. Según los testimonios
de la época, a veces se trataba de curaciones instantáneas,
en otras bastaba tan sólo su presencia para que el enfermo
desahuciado iniciara un sorprendente y firme proceso de recuperación.
Normalmente los remedios por él dispuestos eran los indicados
para el caso, pero en otras ocasiones, cuando no disponía
de ellos, acudía a medios inverosímiles con iguales
resultados. Con unas vendas y vino tibio sanó a un niño
que se había partido las dos piernas, o aplicando un trozo
de suela al brazo de un donado zapatero lo curó de una grave
infección.
Muchos testimonios afirmaron que cuando oraba con mucha devoción,
levitaba y no veía ni escuchaba a la gente. A veces el mismo
Virrey que iba a consultarle (aún siendo Martín de
pocos estudios) tenía que aguardar un buen rato en la puerta
de su habitación, esperando a que terminara su éxtasis.
Otra de las facultades atribuidas fue la videncia. Solía
presentarse ante los pobres y enfermos llevándoles determinadas
viandas, medicinas u objetos que no habían solicitado pero
que eran secretamente deseadas o necesitadas por ellos. Se contó
además entre otros hechos, que Juana, su hermana, habiendo
sustraído a escondidas una suma de dinero a su esposo se
encontró con Martín, el cual inmediatamente le llamó
la atención por lo que había hecho. También
se le atribuyó facultades para predecir la vida propia y
ajena, incluido el momento de la muerte.
De los relatos que se guardan de sus milagros, parece deducirse
que Martín de Porres no les daba mayor importancia. A veces,
incluso, al imponer silencio acerca de ellos, solía hacerlo
con joviales bromas, llenas de donaire y humildad. En la vida de
Martín de Porres los milagros parecían obras naturales. |
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| Oración
a San Martín de Porres |
| Señor
Nuestro Jesucristo, que dijiste "pedid y recibiréis",
humildemente te suplicamos que, por la intercesión de San
Martín de Porres, escuches nuestros ruegos.
Renueva, te
suplicamos, los milagros que por su intercesión durante
su vida realizaste, y concédenos la gracia que te pedimos
si es para bien de nuestra alma. Así sea.
Oración
para pedir un favor
En esta necesidad
y pena que me agobia acudo a ti, mi protector San Martín
de Porres.
Quiero sentir
tu poderosa intercesión. Tú, que viviste sólo
para Dios y para tus hermanos, que tan solícito fuiste
en socorrer a los necesitados, escucha a quienes admiramos tus
virtudes.
Confío
en tu poderoso valimiento para que, intercediendo ante el Dios
de bondad, me sean perdonados mis pecados y me vea libre de males
y desgracias.
Alcánzame
tu espíritu de caridad y servicio para que amorosamente
te sirva entregado a mis hermanos y a hacer el bien.
Padre celestial,
por los méritos de tu fiel siervo San Martín, ayúdame
en mis problemas y no permitas que quede confundida mi esperanza.
Te lo pedimos
por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén. |
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| ¿Qué
nos enseña su vida?
La vida de
San Martín nos enseña:
A servir a los demás, a los necesitados. San Martín
no se cansó de atender a los pobres y enfermos y lo hacía
prontamente. Demos un buen servicio a los que nos rodean, en el
momento que lo necesitan. Hagamos ese servicio por amor a Dios
y viendo a Dios en las demás personas.
A ser humildes.
San Martín fue una persona que vivió esta virtud.
Siempre se preocupó por los demás antes que por
él mismo. Veía las necesidades de los demás
y no las propias. Se ponía en el último lugar.
A llevar una vida de oración profunda. La oración
debe ser el cimiento de nuestra vida. Para poder servir a los
demás y ser humildes, necesitamos de la oración.
Debemos tener una relación intima con Dios
A ser sencillos.
San Martín vivió la virtud de la sencillez. Vivió
la vida de cara a Dios, sin complicaciones. Vivamos la vida con
espíritu sencillo.
A tratar con
amabilidad a los que nos rodean. Los detalles y el trato amable
y cariñoso es muy importante en nuestra vida. Los demás
se lo merecen por ser hijos amados por Dios.
A alcanzar
la santidad en nuestra vidas. Por alcanzar esta santidad, luchemos...
A llevar una
vida de penitencia por amor a Dios. Ofrezcamos sacrificios a Dios.
San Martín de Porres se distinguió por su humildad
y espíritu de servicio, valores que en nuestra sociedad
actual no se les considera importantes. Se les da mayor importancia
a valores de tipo material que no alcanzan en el hombre la felicidad
y paz de espíritu. La humildad y el espíritu de
servicio producen en el hombre paz y felicidad.
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